dissabte, 20 de novembre de 2010

Poema

IGNACIO NEGRÍN- EL MAR ES MÍO

Mas yo que al turbio elemento
Tendí ya mis alas bellas
No vivo sino oigo en ellas
Crujir el vagoroso viento.
La tierra y su orgullo vano
Me causan mortal hastío;
Pero el mar... ¡Oh! ¡El mar es mío!
Mi patria es el océano.

Henchida la blanca lona
Rompiendo montes de espuma,
Vuela entre compacta bruma
El bergantín "Sin rival".
Nave no hay que la aventaje
Ni en su casco ni en su guinda,
ni ha cruzado otra más linda
Por la zona tropical.
De esbelta y aguda prora,
Mástiles limpios y erguidos,
Costados siempre bruñidos,
Donde reverbera el sol.
No hay bajel que en su camino
Le iguale o rinda altanero,
Que es el buque más velero
Que nació en puerto español.
Si el viento silba iracundo
Graciosamente se inclina,
Pero avanza de bolina
Cual ningún otro bajel.
Nunca el turbión, de sus gavias
Rindió el mastelero erguido,
Ni puerto estrecho o torcido
Dejó de tomar por él.
En vano enemigo el viento
Contrariamente le azota,
y en vano el mar alborota
Sus montañas de cristal;
Que en apuntando sus vergas
Pese al soberbio elemento,
Sale siempre a barlovento
El bergantín "Sin rival".

Tus límites inmensos que abarca la tormenta
no puedes traspasarlos en tu soberbio ardor;
y el soplo que tus senos convulsos alimenta.
se extingue al raudo soplo que emana del Señor.
Tú tienes tu lenguaje, tu música, tus ruidos,
Que expresan misteriosos tu insólito anhelar;
Si ruges, en los montes retumban tus bramidos,
Si lloras, en las playas rubricas tu pesar.
Yo entiendo tu lenguaje; yo al canto de tus olas
Mis penas incesantes, oceano, arrullé,
Y al ver como en la tarde tu espuma tornasolas
El velo de una virgen sobre tu faz miré.
Yo soy de tus susurros la triste melodía,
La misteriosa endecha con fé a reproducir:
De tu furor los ecos cuando en la noche umbría
Desciende la centella tus senos a entreabrir.

Mecido en los espacios sin límites que encierra
Tu vasta superficie desde mi infancia fuí,
Trocando por tus ondas la afortunada tierra,
Aurífero y ameno vergel donde nací.
De mi almenada villa los toscos campanarios
Lo ví del horizonte perderse en el dintel,
Y en su llugar tendidos tus campos solitarios
Sin límites inmensos, siguiendo mi bajel.

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